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Relatoría del taller: “Duelo migratorio: acompañar para afrontar las pérdidas.”

El taller se realizó de manera virtual el 23 24 de febrero del 2021. Fue facilitado por Leticia Baca (Psicóloga de Territorio-Centro) y Sarahí Arroyo (Encargada del Área de Formación). 

 

Por: Sarahí Arroyo. Encargada del Área de FormaciónSJM.

 

Desarrollo del taller 

Cada duelo es único y cada persona lo vive de diferente manera.  Es un proceso que requiere tiempo para adaptarse a una nueva realidad. Para las personas que emigran de manera voluntaria, si las condiciones son buenas, va a ser más sencillo y llevadero el afrontarlo. En cambiocuando se presentan dificultades y se atraviesan distintos muros (enfermedades, violencia, discriminación, etc.)  va a ser más complejo identificar esas pérdidas, emociones, sentimientos para lograr adaptarse.   

Reflexionamos sobre las pérdidas e impactos por los que pasan las personas que emigran a causa de la violencia, desplazamiento forzado, cuestiones económicas y que se encuentran en vulnerabilidad constante: 

 

Los/las que se van: las pérdidas comienzan desde tomar la decisión de migrar, despedirse de su familia y relaciones cercanas, de su hogar, territorio, modo de vivir, confianza identidad culturalLa migración se vive diferente dependiendo de las características de la población: hombres, niñas, niños, adolescentes, mujeres, comunidad LGTTBI, personas de la tercera edad o con alguna discapacidad. 

Al viajar en el tren, hay personas que se enferman o pierden alguna extremidad. A causa de la violencia, hay riesgos de ser secuestrados y/o asaltados donde les quitan las únicas pertenencias materiales que traen consigo (ropa, zapatos, documentos de identidad, fotografías, seguridad, fortaleza, etc.).  

Muchas personas al comunicarse con sus familiares en sus lugares de origen, se enteran de noticias y realidades que les generan tristeza, impotencia y frustración. Por ejemplo, ahora con la pandemia, muchas personas han fallecido y no han podido despedirse.  Aunque hay sueños y esperanza hay emociones y sentimientos de miedo, culpa, tristeza, incertidumbre y añoranza del regreso 

 

Los/las que se quedanPrincipalmente son las mujeres, niños, niñas y adolescentes quienes tienen que seguir y afrontar las situaciones en las comunidades de origen.   

Hay un cambio en la dinámica del hogar ya que en la mayoría de los casos las madres tienen que trabajar, llegan a ser juzgadas por la comunidad y no cuentan con espacios para expresar lo que sienten o piensan. 

En el caso de las y los menores no se les explica sobre los planes ni se les toma en cuenta para las decisiones, se cree que al ser niños/niñas no van a entender ni sentir lo que pasa. Se minimizan los sentimientos de tristeza, abandono, enojo y no se les permite expresarlo “los niños no lloran”, “Hay que ser fuertes”.  

 

Los que regresanSi se regresa por decisión propia, implica readaptarse al lugar de origen, los hábitos, las costumbres y las dinámicas. Se puede extrañar la vida que se tenía antes y llegar a sentir que no se encaja en el nuevo lugar “Ni de aquí ni de allá”.  

En el caso de las personas que son deportadassienten impotencia y frustración por las condiciones y maltratos que se pueden vivir durante ese proceso y por romper ese proyecto que costó mucho trabajo. En ambos casos puede surgir un etiquetamiento y exclusión por parte de la comunidad.  

Cuando hablamos de duelo, normalmente sólo nos enfocamos en lo que pasa y vivimos durante ese proceso. Lety, psicóloga del SJM, propone 9 pasos para identificar y aprender a cerrar ciclos; el duelo es sólo una parte de ese camino. Algunas ideas y reflexiones que salieron durante las sesiones fueron: 

  • El duelo es una herida, si no la reconocemos va a estar ahí. Es importante identificar cómo me siento, mis recursos y momentos para que poco a poco vaya sanando.  
  • Todo tiene un principio y un fin.  Hay que aprender a   identificar y tomar lo positivo de la vida.  
  • Aunque todas las personas pasamos por un duelo, lo complicado no sólo es procesarlo ni enfrentarlo, también que las demás personas reconozcan y comprendan por lo que está pasando. 
  • Cada quien vive su proceso de manera diferente. No juzguemos como lo expresa cada persona: llorando, enojándose, riéndose y/o evadiendo la situación.  
  • Para acompañar hay que escuchar con mucha dignidad, respeto y amor. La mejor herramienta que tenemos somos nosotros/as mismos/as, ya que hemos pasado por diferentes pérdidas; podemos ser empáticos identificando cómo lo afrontamos y lo que nos ayudó a sostenernos.  
  • Si hay algo que no puedo escuchar porque me mueve cosas que no he trabajado es importante que lo identifique y le pase la estafeta a otra persona ¡es válido decir no puedo! 
  • Algunas herramientas que comentaron las/los participantes fueron: escucha activa, examen de conciencia, ejercicios ignacianos, expresar lo que siento y pienso a través de dibujos, cartas, hablarlo con otra persona y/o buscar ayuda psicológica o espiritual.  

Este taller fue un espacio de aprendizaje y construcción entre todas las personas que participaron. Reflexionando desde nuestras experiencias personales y del acompañamiento a las personas en situación de movilidad. Fue muy esperanzador ver el compromiso de otras personas que están colaborando en diferentes espacios de la  

 

Recursos recomendados: